Ricardo Costa, querido

Escritor : Desmemoriats, @DSME

RickyGol

 

No hace demasiado tiempo la posibilidad de que Ricardo Costa acabara abandonando el equipo hubiera sido recibida entre gestos de alegría, incluso organizando alguna caravana popular por las calles de la ciudad. Eran tiempos donde comunicados hilarantes y actitudes públicas en ruedas de prensa construyeron a un jugador odioso que salia al terreno de juego para brindar horrores defensivos, aun a pesar de que con él, el VCF nunca perdía, como le gustaba recordar por aquellos días ya tan difusos. Unas cuantas hojas de calendario después los mismos que defenestraron al protagonista por sus formas hoy celebran que el central haya aceptado una renovación a la baja para seguir apuntalando la retaguardia de un equipo incierto.

 

Sobre su cabeza se podría dibujar la metáfora del fútbol, dejándonos ver la rapidez con la que este deporte devora jugadores, levanta ídolos de entre sus cenizas y se embadurna en las miserias antes de pasar por la ducha y hacerse el exculpado. De ejecutarse aquellos alegatos que se avanzaron al nacimiento del escrache no tendríamos la posibilidad de disfrutar hoy del mejor defensor de la plantilla, del renacer de un jugador que vino para perderse pero que ya ejerce de líder y de capitán encontrando incluso pretorianos con micrófono donde antaño solo veía enemigos furiosos. Tal es la magnitud de su metamorfosis.

 

Este Pedro Picapiedra salido de su crisálida evoca aquellos treintañeros fantásticos que llegaron con el cambio de siglo en el horizonte y que acabaron levantando una leyenda en tres ratos y medio sin que nos diéramos cuenta. Olvidado queda aquel jugador lento y torpe que era desbordado en velocidad por cualquier delantero aplicado, cayendo incluso rodado al suelo como intento de esconder sus errores en la marca. Costa empezó a jugar cuando le dejaron sentirse uno más, en cuanto recuperó los galones encontrándose una tribu de la cual cuidar y el sitio que siempre acostumbró ocupar.

 

Más allá de espacios vitales lo que pretende conquistar Ricardo es la luna, y lo quiere hacer a base de saltos trabajando en su yoyo squat para astronautas del balón. Ese trabajo silencioso en Paterna ha contribuido a multiplicar su potencia de salto, a mejorar su físico y a erigirse en una pieza clave en la estrategia de Valverde. Ya no hay balón aéreo en defensa o en ataque que no tenga al luso como punto cardinal, diciéndonos con ello que nada en él es por casualidad. Incluso abandonó el Twitter de los líos usándolo ahora para motivar a unas masas deprimidas, como queriendo decir que si quisiera podría liderar la revolución social.

 

El hombre que tras un golpe de calor vio a Emery transformarse en Mourinho está en eso que se llama plenitud, volviendo a ser un joven de 31 años con ganas de ser profesor de vida de los nuevos imberbes que va a tener que cruzarse los lunes a las diez a partir de Julio. Entre cabezazos y tuits viene a gritarnos que dejemos de buscar bajo las piedras y abandonemos los terrores nocturnos, que con él se puede contar para lo que haga falta, que para algo ha vuelto a ser Ricardo Costa, aquel central.

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